sobre mi alimentación

Hace más de dos años decidí hacer un cambio drástico en mi alimentación. Al principio, me movió un tema de salud; aunque los indicadores de mis analíticas mostraban unos valores completamente normales, yo sentía que cada vez más me faltaba energía.

Me dejé orientar por un dietoterapeuta. Comencé a cambiar algunos hábitos que a mí me habían parecido siempre saludables, y descubrí que estaban a años luz de hacerle algún bien a mi cuerpo. Entonces decidí dejar de comer carne y llenar mis platos con el arcoíris de colores de las frutas y verduras. Quizás haya sido una de las decisiones más acertadas de mi vida. Desde entonces, estoy mucho más sensibilizada ante el maltrato animal y la mala calidad de la comida que nos (mal)nutre. Actualmente, no tomo leche, aunque sí algún pedazo de queso de vez en cuando. Tampoco he dejado de comer huevos y, en muy raras ocasiones, he aceptado comer pescado. No sabría ponerme etiquetas. Solo puedo decir que, desde entonces, he aprendido a comer con consciencia. La comida se ha convertido en mi mejor amiga. Me lo paso pipa inventando recetas, y confieso que mis platos preferidos son veganos.

Soy una persona nueva; incluso diría que mejor persona, en serio. Puedo pensar con más claridad que antes, me siento más creativa, no estoy siempre cansada, mi piel ha mejorado y he estabilizado mi peso. Las recetas veganas me han ayudado a superar mi adicción al azúcar, tanto que ahora puedo comerme sin remordimientos un helado de chocolate y plátano que, además de delicioso, es saludable. ¿Cómo no había descubierto esto antes? Ahora prefiero la comida limpia, viva y cargada de nutrientes antes que el vulgar cruasán de chocolate.

A veces tengo complejo de predicadora cuando hablo sobre nutrición con las personas que me rodean y las animo a que reduzcan o eliminen los productos de origen animal, pero el cambio me ha parecido tan mágico, que no consigo guardarme este secreto para mí solita. Por ello quiero compartir algunas recetillas que se me van ocurriendo y que, si no os llegan a sorprender, al menos os harán más felices.