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No quiero ser lineal

Hace bien poco que he descubierto que las líneas rectas no me gustan. Ha sido una revelación, teniendo en cuenta que llevo toda la vida escuchando que el movimiento más virtuoso es el que se realiza hacia adelante, que hay que avanzar con firmeza y sin mirar atrás. Tampoco hay que distraerse demasiado con lo que encontremos en el camino; el CAMINO con mayúsculas; el camino del crecimiento -de la cuenta corriente, no espiritual-; el del progreso. Esos son indicadores que demuestran si hemos sabido gestionar bien nuestras oportunidades y cumplido con lo que la sociedad esperaba de nosotras.

El caso es que esa linealidad, ese afán de continuar avanzando no contempla los altibajos emocionales, las correcciones que nuestra intuición nos invita a hacer de vez en cuando para explorar nuevas salidas o, simplemente hacer un alto, tomar reposo y decidir que, más que continuar hacia delante, debemos resolver algo que dejamos atrás.

En nuestra trayectoria vital observamos la implicación del patriarcado: una mirada lineal masculina que poco tiene en cuenta la tipología cíclica de las mujeres. Clic para tuitear

No, no me gustan las líneas rectas, pero nunca había encontrado una explicación sobre el porqué hasta el otro día, precisamente en un curso de educación sexual. No os ocultaré que no es la primera vez que alguien me explica una teoría, normalmente de la psicología social, que me ayuda a dar respuestas a muchos aspectos de mi vida. Me quedo con la boca abierta y abro mucho los ojos antes de exclamar: ¡Ahhhh con que se trataba de eso! En este caso fue con Alba Miralpeix, en un taller sobre el paso de niña a mujer y el recibimiento de la  primera sangre. Alba es una mujer que desprende ese tipo de halo mágico que debían tener las brujas hace quinientos años. Explicó de forma gráfica -ayudándose de unas cuerdas extendidas sobre el suelo y que simbolizaban nuestras dos formas de caminar- las dos miradas de la vida: la cíclica y la lineal.

Después de nacer, niñas y niños avanzamos en línea recta. Somos seres evolutivos que desarrollamos una serie de cambios físicos y hormonales hasta llegar a la adolescencia. En este punto, los cambios hormonales nos afectan de manera radicalmente distinta a hombres y a mujeres. Ellos continúan su linealidad, sin experimentar los ciclos que definen nuestra rutina y afectan a nuestra cotidianidad desde la llegada de la menstruación.

Los ciclos acompañan a las mujeres a lo largo de la vida adulta y hasta la aparición de la menopausia. Cada ciclo se divide en fases que definen aspectos tan importantes como nuestra intuición, nuestra creatividad o nuestro grado de autoridad. Sin embargo, poco pueden tenerse en consideración bajo la mirada lineal del patriarcado, puesto que las exigencias sociales no nos permiten caminar en círculo, aunque ello sea consecuente con nuestra naturaleza femenina.

No podremos cambiar la sociedad solo por comprender mejor nuestros ciclos, pero sí reconciliarnos con nosotras mismas. Empecemos por el hecho de no sentirnos culpables si en algún momento el camino no resulta ser lo que esperábamos; si sentimos la necesidad de deshacer lo avanzado. Es difícil escuchar a nuestra intuición, a esa voz ancestral que subyace en nuestro interior y que nos empeñamos en silenciar porque no está bien “ir hacia atrás”. He encontrado este artículo fantástico de mujercíclica que lo explica con más elegancia que yo.

Estoy contenta de ir desprendiéndome de la carga negativa asociada a la naturaleza de mujer, muy satisfecha de volver a conectar con la espiritualidad femenina que las religiones monoteístas habían lapidado. De hecho, la arqueología y la antropología nos demuestran que, en diferentes épocas históricas, han existido muchas civilizaciones matrilineales, donde primaba el culto a lo Sagrado Femenino. Ahora que el universo femenino se me ha revelado de nuevo, ahora que me gusta tener la regla, comprender mis fases a lo largo de mis ciclos; ahora que he aprendido a reconciliarme con las cuatro estheres que forman parte de mí, me entero de que se ha aprobado el lanzamiento al mercado una píldora antimenstruación. Si eso no es rechazo a nuestra femenina decidme cómo llamarlo.

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