pantalones tiesto - Mi derecho a la incongruencia

Mi derecho a la incongruencia

Seguro que muchas de las que os habéis autoproclamado feministas, estáis hartas de escuchar aquello de que “el movimiento está lleno de incongruencias”, de que “ni nosotras nos ponemos de acuerdo” de que “no se explica bien”. Y la verdad, yo misma lo he sentido y pensado muchas veces. Me he cuestionado si podía defender el movimiento a la vez que me depilaba las piernas doblegada al patriarcado. Algo me chirriaba cuando reduje mi jornada para conciliar mi vida laboral y familiar, mientras mi pareja proseguía con su carrera profesional y yo me veía relegada a la condición de mediotrabajadora-mediomadre.

En general, tengo ideas y acciones contradictorias en muchos otros ámbitos de mi vida: me ocurre con la globalización, que me va bien para unas cosas y para otras no. Sigo sintiéndome un monstruo cada vez que hago un pedido en Amazon, en lugar de tomarme el tiempo -esa cosa que no tenemos ninguna- para recorrerme las tiendecitas de barrio en busca de aquel juguete que pide mi hija para su cumpleaños. Sin embargo, no puedo vivir sin mi encargo semanal de verduras ecológicas y de proximidad.

No me siento mejor a la hora de redactar un post o cualquier otro escrito medianamente formal. Siempre dudo en si hacerlo en clave femenina, o usando x, @, o e que acaban transformando los textos en una especie de jeroglíficos. A veces me pregunto que, a estas alturas, debería tener ciertos criterios muy asentados. Y lo cierto es que estoy muy lejos de tenerlo todo tan claro.

Como la mayoría de los movimientos e ideologías, el feminismo no es homogéneo, no constituye un conjunto firme de ideas y conviven en su seno diferentes corrientes. El feminismo abarca todo el conjunto de la sociedad, y por ello es inevitable que se entrecrucen diversas posturas políticas e ideológicas. Sin embargo, las críticas se centran más en la diversidad -necesaria e inevitable del movimiento- que en el hecho de que exista un objetivo integral, único y perfectamente definido en el que todas coincidimos: la guerra contra el sexismo, ya sea en el ámbito jurídico, económico o social. El feminismo es la expresión de la lucha contra la desigualdad y la discriminación de género. Y eso, os aseguro que está claro como el agua.

Parte de esa crítica se basa en la antigua división dentro del movimiento entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. En este sentido, se genera un debate interno en el movimiento:

  • Feminismo de la igualdad: busca equiparar derechos entre hombres y mujeres, dirigiéndolos hacia la mejora de condiciones de vida de las mujeres.
  • Feminismo de la desigualdad o diferencia: se focaliza más en el concepto de identidad. Defiende que las mujeres no debemos aceptar construcciones sociales y políticas fruto del patriarcado. Por lo tanto, se niegan a desarrollarse dentro de un modelo androcéntrico y quieren reinventarse dentro de un nuevo sistema desintoxicado del legado del patriarcado, que tenga en cuenta su identidad femenina.

Joan W. Scott unió las dos posturas, argumentando que igualdad e identidad no son lo mismo. De hecho, más que conceptos excluyentes, son interdependientes. Podemos ser iguales que los hombres (a nivel de derechos, por ejemplo) y no renegar de nuestra identidad femenina, viviendo en un sistema que esté en consonancia con nuestras necesidades y deseos. Clic para tuitear

Podríamos decir que, en general, las contracorrientes exigen un mayor nivel de justificación, un buen argumentario que las sostenga cuando la mayoría les planta cara. Y es que el sistema opresor cuenta con buenos mecanismos de presión social para mantenernos tras la línea roja; para que finalmente las contracorredoras pensemos que la vida es demasiado corta como para andarla rebatiendo todo el tiempo, y nos quedemos en la zona del mainstream, en nuestro cómodo sofá, enganchadas a Netflix. Esto ocurre con la mayoría de las contraculturas y contrapoderes, pero es innegable que a las feministas se nos exige ser el doble o el triple de coherentes que a los demás y se nos pide justificar nuestras acciones y posturas más que al resto. Déjennos el respiro de reinventarnos como nos plazca, de contradecirnos, de experimentar con el ensayo-error. Reclamamos el derecho que otros tienen a la incongruencia.

 

Hagáis o ha hagáis huelga hoy: ¡feliz 8 de marzo a todas, compañeras!

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2 comentarios en “Mi derecho a la incongruencia”

  1. Mari Carmen Muñoz Honrado

    Totalmente de acuerdo contigo y aunque yo soy de una generación muy anterior a la tuya, me siento igual que vosotras, soy feminista a tope y me encanta el avance que hemos echo unidas. Pido que vosotras podáis disfrutar de tantos derechos que a mí me tenían negados y de han conseguido gracias al esfuerzo de mujeres con " DOS OVARIOS" que poco a poco le han ganado derechos a los hombres… Besos querida amiga😘😘😘

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