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Hasta que ellos no lleven faldas

Desde hace un tiempo intento ser crítica respecto al cine infantil que elegimos en casa. Sin embargo, la mayoría de las veces, la situación escapa de mi control: mis hijos reciben demasiados inputs externos; comen en la cantina y, si llueve, organizan sesión de cine en la biblioteca escolar; algún día, incluso duermen en casas ajenas y ven películas que probablemente no hubiésemos escogido. ¡Y no hablemos del papel que juega el merchandising!

Desde la industria cinematográfica infantil, ha habido un esfuerzo evidente en modelar a los personajes femeninos que han evolucionado, desde personajes más o menos pasivos, hacia súper heroínas. Ahora tenemos princesas sin tantos remilgos como las de antes, y que no se amedrentan frente a una bruja o un grupo de trastornados. Valgan como ejemplo personajes de Disney, como Mulan, Rapunzel, Vaiana, Elsa y Ana, o Poppy (esta última de la película Trolls, de DreamWorks, no de Disney); muchachas que toman las riendas de la historia, que antes habrían encabezado personajes masculinos. Frente a la dulce y virginal Blancanieves, cuya función era básicamente esperar a un príncipe que la reviviera con un beso, ahora encontramos a una decidida Vaiana, que cruza sola los mares para salvar a su pueblo. Es este sentido, podríamos afirmar que las chicas han asumido roles que antes se atribuían a los hombres pero ¿y viceversa?

Los medios de comunicación no son más que un mero reflejo de nuestra sociedad, de la que se nutren; pero nuestra sociedad en sí también mama de las metáforas que crean los medios. Porque el cine, en particular, y los medios de comunicación, en general, son agentes socializadores de primer orden, equiparables a la escuela o a la familia. Y esto no lo digo yo, sino sociólogos consagrados como Manuel Castells. Razón de más para darle importancia a este tema, ¿no creéis?

Si bien es cierto que, desde hace un tiempo, se atrevieron a romper con lo establecido en materia de igualdad de género, con estas figuras femeninas que reclamaban su independencia, su libertad y la igualdad de derechos respecto a sus compañeros varones, ahora necesitamos que ellos se pongan la falda. No se trata únicamente de que las mujeres tomemos las riendas y nos masculinicemos. Se trata de que ellos se feminicen.

Me gustaría ver a personajes cuidadores, amos de casa; a padres que se dedican a hornear tartas y que preparan mochilas para la escuela. No se trata, como en la vida misma, de que la mujer conserve su función en el hogar y además salga a trabajar diez horas al día como ejecutiva en una multinacional. Ya sabemos que ser una superwoman no es la panacea. Se trata más bien de una imagen distorsionada de la mujer actual. Las mujeres necesitamos ver a hombres preocupados por lo que queda en la nevera para cenar, y pelando patatas mientras nosotras acabamos de enviar unos emails importantes.

Si hace un tiempo, decidimos usar pantalones, ahora es momento de que ellos se coloquen faldas. Esto no es un eufemismo. En occidente nos jactamos de ir muy por delante en lo que respecta a igualdad de género, pero nuestra moda denota lo contrario. Mientras que en los países árabes llevan kaftanes, y en la India llevan saris, aquí no hay manera de que los hombres rompan la barrera de género y se calcen una falda. Definitivamente, necesitamos a una Coco Chanel 2.0.

Aprecio el feminismo de nuestras predecesoras, gracias a las que hemos conseguido todo lo que tenemos; las que movieron el culo, y arriesgaron sus vidas para que hoy yo pueda hacer uso de mi sentido crítico, y escribir con plena libertad en este blog. Ellas abrieron el camino; no nos olvidemos de eso. Como Yolanda Domínguez, yo tampoco abogo por un nuevo feminismo. Ya me va bien el que hay; no quiero cambiarlo, pero necesito ir más allá. En su día, nos pusimos pantalones, salimos a quejarnos, e intentamos ponernos a la par con ellos para dirigir el mundo. Hoy son nuestros homólogos masculinos los que deben ponerse la falda y organizar el hogar a nuestro lado. Mientras la imagen femenina de un hombre se siga invisibilizando, la igualdad seguirá siendo una utopía.

http://www.huffingtonpost.es/yolanda-dominguez/nuevo-feminismo-estamos-tontos_b_4919094.html

 

 

 

 

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3 comentarios en “Hasta que ellos no lleven faldas”

  1. Ocurre que tu artículo tocó muchos aspectos de mi propio vivir. O de mi experiencia de vida. Espero que leas lo que sigue con paciencia y tolerancia.
    Acá en la costa del Golfo de México, en la ciudad y puerto de Veracruz, la urbe más importante (por su masa poblacional y su actividad económica) del llamado Estado Libre y Soberano de Veracruz de Ignacio de la Llave (general Ignacio de la Llave, primer gobernador en el siglo 19).
    Entidad integrante de la nación denominada Estados Unidos Mexicanos. Se vive o vivimos una dinámica cultural que envilece tanto a varones como a féminas.
    Hay un comportamiento femenino muy extendido, que en mi estimación nada tiene que ver con arraigar la Equidad de Género, una política gubernamental muy tibia a mi parecer.
    Dicho proceder cultural femenino, arraigado en esta región, es el USO DE LA SEXUALIDAD para la procura de ingresos monetarios extras o adicionales a los que con regularidad se obtienen vía salarial sea del cónyuge o del propio empleo cuando la mujer tiene una ocupación aparte del hogar.
    A ese rasgo cultural del USO DE LA SEXUALIDAD yo los llamo ACTOS DE PROSTITUCIÓN pues se equiparan con el denominado SEXO SERVICIO, muy abundante en esta zona.
    En la cual proliferan los padecimientos o enfermedades venéreas. Es alto el índice de seropositivos y de enfermos con VIH.
    Estos actos de prostitución irregulares u ocasionales incluso emulan al pago del sexo servicio. Un supuesto encuentro amoroso resulta en un pago idéntico al uso del sexo servicio.
    Es decir, si te involucras con una mujer tendrás que de una forma u otra costear ese involucramiento. Eso es seguro. Si faltas o no costeas no la volverás a ver. Y este proceso también ocurre en las relaciones homosexuales.
    No podría afirmarlo en el ámbito lésbico pero si entre varones.
    Tal vez lo que estoy relatando aquí no te agrade, pero eso se verifica todos los días en esta parte del litoral o la costa mexicana.
    Y estos hechos ni siquiera tienen presencia o resonancia en los Mass Media. Estas situaciones diarias no son tocadas ni en el cine ni en la televisión, NO REFLEJAN estos comportamientos culturales, que por supuesto en nada tienen que ver con el FEMINISMO me parece.
    La misma mujer impide que los varones se feminicen.
    Bloquea en el hogar a la presencia varonil y la descalifica al punto de la humillación.
    Asear el hogar, cocinar los alimentos, disponer la ubicación de muebles, lavar la ropa al realizarlas el varón por lo regular resultan en descalificaciones viscerales e insultantes por parte de la AMA DE CASA.
    En nuestra vida infantil (mi gemelo y yo) fuimos formados y educados con paciencia y cariño por mi abuela materna Carmen y mi madre Martha en las faenas hogareñas. Primero aprendimos a barrer, trapear o pasar la jerga a los pisos luego de barrer (moviendo todos los muebles), sacudiendo los muebles, tender las camas, sacar la basura, realizar mandados, surcir o coser nuestras prendas con hilo y aguja, lavar nuestra ropa (iniciamos con nuestros calzoncillos y calcetines) a mano (no teníamos lavadora), planchar después y en la cocina a lavar la loza, preparar el agua de frutas, lavar los vegetales, limpiar las semillas de basura (frijoles, arroz, etcétera) y también cocinar el arroz, los frijoles, hacer sopas de pastas o de otro tipo. Hacer café de olla con grano y no soluble.
    Todo eso sin microondas, licuadoras, batidoras, hornos eléctricos o tostadoras NO EXISTÍAN ENTONCES.
    Tendíamos las prendas lavadas para su secado previamente las exprimíamos sin que se maltrataran (todo un arte o proceso).
    Poníamos la mesa para la comida o cena.
    Fuimos feminizados a edad temprana.
    Bueno creo que es suficiente.
    Buen día donde quiera que vivas.

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