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Calles vacías y analfabetismo relacional

Ya hace tiempo que, en mi cuenta de Instagram, había hablado de las compras online y los efectos del comercio electrónico sobre la estructura social y económica y las redes vecinales. Lo hice a raíz de un regalo que se me ocurrió encargarle a una artista a la que admiro mucho. Se me antojó que, por el módico precio que pagué y el buen resultado del trabajo, bien valía la pena invertir mi dinero en arte local, antes que sucumbir a la comodidad de Amazon y a cualquier regalo impersonal fabricado sin cariño a miles de quilómetros de aquí. Y ojo, que lo que menos espero de personas que trabajan en condiciones infrahumanas es que demuestren pasión por su trabajo. En aquel momento sentí que mataba a dos pájaros de un tiro: por un lado, ayudaba a pequeños artistas locales; y por otro dejaba de contribuir a la explotación de personas. Sin embargo, somos muchas -y tristemente me incluyo-, que recurrimos a menudo a las compras en internet. Y no, no es por la dichosa falta de tiempo, sino porque estamos abducidas por la cultura de la inmediatez.

En esta línea, hace unos días recibí un escrito de una amiga que me decía esto:

“Hoy he salido a pasear por el centro de mi ciudad, normalmente voy por esa zona de forma habitual, pero hoy salía con una amiga que vive fuera y viene de tanto en tanto, así que en nuestro paseo me ha hecho darme cuenta de que han cerrado muchos comercios pequeños de la calles más transitadas de la ciudad. Entonces hemos empezado a hablar de las posibles causas y hemos llegado a la siguiente conclusión; el importe desorbitado de los alquileres y las facilidades que tenemos para comprar desde el sillón de nuestra casa en un mercado virtual con infinitos precios y de forma sencilla están llevando a la despoblación del pequeño comercio, de lo que llena de vida a las ciudades. Como no tomemos conciencia acabaremos caminando por ciudades vacías… Ya sé que el pequeño comercio muchas veces tiene precios más elevados, y es que para pagar alquiler, gastos, autónomos y que te quede un sueldo mínimamente pasable tienes que trabajar mucho y vender mucho. Y ahí es donde hace falta que los políticos se dediquen a hacer política y no a tirarse los trastos a la cabeza los unos a los otros y regulen los alquileres, y velen para que las ciudades no acaben más muertas de lo que están.

No tengo ninguna tienda, ni me dedico al comercio, también caigo en la tentación de Internet y Amazon, porque, para no acabar con la economía familiar, o para no invertir un tiempo que a veces no tengo en pasear buscando la mejor calidad a un precio asequible, sucumbo a la poderosa red, pero ahora intento no hacerlo, y además en esto descubro que muchos pequeños comercios te informan por teléfono, por sus webs o disponen de WhatsApp para comunicarte, intentando adaptarse ellos también a los nuevos tiempos.

Os pido que vosotros que sois influyentes, que tenéis un poder de divulgación elevado y que muchas veces recomendáis tiendas online, cosa que está muy bien, también recomendéis acercarnos a las tiendas del barrio que además de ayudar a que sigan abiertas, ellos nos pueden resolver muchísimas dudas. Estoy convencida que una persona sola no hace nada, pero muchas juntas podemos cambiar el mundo, y es hora de juntarnos y tomar fuerza! En todos los aspectos que podamos imaginar! Perdón por la parrafada y si has llegado a leerlo todo, sólo me queda decirte: Muchas gracias!”

Hace poco leí un artículo sobre el analfabetismo relacional, y nuestra transformación en seres extremadamente individualistas, que estamos perdiendo la capacidad de comunicarnos cara a cara con un tendero. Con esta crítica no me refiero únicamente al comercio electrónico, sino también a las grandes superficies, en las que una puede ir a comprar sin necesidad de cruzar palabra con un dependiente: desde adquirir la bandejita con los productos cortados, hasta pasar por la caja de autoservicio. Por otro lado, cabe admitir que Internet nos saca de muchos apuros; que nos permite acceder a productos que antes hubiesen sido inalcanzables; Amazon y muchos comercios online nos han abierto las puertas al mundo, pero también son un arma de doble filo: nos acomodan en el sofá, nos deshumanizan y nos dividen, para debilitarnos.

 

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