“Caga tiona”, o mujeres que reparten regalos

Que la religión y sus prácticas son androcentristas no es algo nuevo. Este año, a mi hija se le ha ocurrido que el tió, el tronco con barretina que cada año colocamos en casa para que “cague” regalitos de Navidad, sea una chica: una “tiona”. Me ha parecido genial deconstruir el estereotipo del “regalador”. Es parte de la simbología navideña que ella, haciendo uso de su virginal sentido común de cuatro años de edad, no ha tardado en evidenciar.

No me he documentado demasiado sobre otras tradiciones judeo-cristianas, pero sé, por ejemplo, que en Rusia circula un tal Ded Moroz, el Abuelo de Hielo, de similar indumentaria a la de Papá Noel, o a la de San Nicolás, en países como Holanda. Lejos de hacer una disertación antropológica sobre las representaciones navideñas alrededor del mundo, me gustaría centrarme en los países de tradición cristiana, donde ya sabemos quiénes son las figuras principales que cosechan la mayor parte del éxito. Por un lado, tenemos a los Reyes Magos de Oriente, un revival de lo que se explica en el evangelio según San Mateo, sobre tres hombres que llegaron a Belén guiados por una estrella.

En la mayoría de lugares, fruto de la influencia del Santa Claus anglosajón, las calles y las casas se engalanan con decoraciones en las que aparece un conocido viejo rechoncho de rostro apacible y atuendo carmesí. El caso es que Papá Noel, desde hace unos años, también se ha hecho un hueco en las navidades de mi país, conviviendo con otras figuras como las que os listo a continuación. ¡Cuidado! ni son todas las que hay, ni están todas las que son:

  • el Olentzero, un carbonero mitológico de Euskal Herria que trae regalos por Navidad;
  • el Apalpador gallego, también carbonero, que la noche del 24 de diciembre comprueba las barriguitas de las niñas y niños para ver si han comido bien, y les deja un regalo;
  • el tió de Nadal, tradición precristiana de origen rural de Cataluña y Aragón, es un tronco que se ha humanizado con una barretina, una manta y una cara sonriente. En un principio, simbolizaba el leño que daba calor al hogar durante el invierno. El 25 de diciembre se le dan palos con un bastón para que cague regalos.

Por lo general, todos estos personajes suelen tener el mismo denominador común: además de ser los encargados de traer los presentes de Navidad a las familias, son figuras masculinas, paternales y bondadosas que cumplen un rol meramente productivo. Otro detalle en común es su función supervisora: son los responsables de velar por el “buen comportamiento” que se espera de las niñas y niños, y de decidir su posterior recompensa en forma de regalos.

En definitiva, todos ellos representan una forma más de perpetuar en el tiempo y en la sociedad los obsoletos roles de género de hombre productivo y mujer reproductiva. Ellos son los que traen los regalos, a cambio de que nos comportemos como se nos exige que lo hagamos. Ellos lo ven todo, lo saben todo; pueden ser omnipresentes y omnipotentes; pequeños dioses que se infiltran, aunque sólo sea durante estas fechas, en nuestra cotidianidad.

Por todo ello, os invito a que trasvistais a vuestros regaladores y que, a partir de ahora, tengamos más tionas y alguna abuelita gorda y canosa. ¡Eso sí! Lo mejor sería olvidarnos de los regalos y no sucumbir al consumismo masivo, pero eso ya es otra historia.

 

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