El dolor de huevos: ¿Qué hay de cierto?

Tendréis que perdonarme por lo vulgar del título, pero no se me ocurría forma mejor para crear un poco de sensacionalismo. Y es que, cuando hablo de “dolor de huevos”, casi todas sabemos que no me estoy refiriendo a un problema clínico en el sentido más estricto de la palabra. En inglés se conoce como “blue balls”, pelotas azules y, el hecho de que exista en otro idioma, me da muchas pistas de que se trata de un “asunto” a escala global, y no es solo fruto de la picaresca española a la que estoy acostumbrada.

Curiosamente, resulta que la palabra “blue” también puede traducirse como “triste”. De modo que podríamos hablar del “síndrome de las pelotas tristes”, conocido por todas como el sufrimiento causante tras un encuentro sexual que no acaba en eyaculación. ¡Vaya! Una jugarreta de mal gusto, llevada a cabo generalmente por una mujer-que, debido a su desconsideración, puede ser catalogada con un sinfín de adjetivos vulpinos-, para que su pareja sexual se retuerza de dolor suplicando vaciar sus testículos. Un hecho que, según los patrones de conducta que las “buenas chicas” tenemos integrados, no debería producirse nunca. De alguna manera, a todas se nos ha informado que los actos sexuales con un hombre deben acabar en el orgasmo de éste; y sólo su eyaculación puede marcar el punto y final del encuentro. De lo contrario, la creencia popular advierte que este mal puede resultar incluso peligroso para la salud, pudiendo provocar desde la explosión de un testículo -Google me ha chivado que los testículos pueden reventar, aunque no por esos motivos-, hasta derivar posibles en tumores.

Jamás me había planteado qué había de cierto tras todas estas afirmaciones hasta que no llegué a una edad razonable, y había nutrido un poco más mi espíritu crítico en lo que a sexualidad se refiere. Preguntando sin tapujos a mi entorno masculino, me revelaron que jamás habían experimentado tal dolor, sino más que una leve molestia. Parece ser que el síndrome de las pelotas azules – o tristes-, conocido en terminología médica como vasocongestión pélvica, no es más que el resultado de un exceso de fluido en los testículos, que suele teñir el escroto de un ligero color azul. Durante la excitación sexual, el sistema nervioso parasimpático envía más cantidad de sangre hacia la zona genital. A su vez, otros músculos de la zona se contraen reteniendo el flujo sanguíneo y así asegurar una erección prolongada y facilitar una posible penetración. Pues resulta que, si el hombre no llega al orgasmo, toda esa sangre concentrada en la zona de los testículos y la próstata se queda a falta de oxígeno, produciendo la dicha vasocongestión, y su consecuente molestia. Eso lo entendemos, ¿verdad?

Ahora toma asiento -si no lo has hecho todavía- y sigue leyendo, porque resulta que esa “molestia” es la misma que tenemos las mujeres tras un encuentro sexual sin orgasmo. Podríamos afirmar que “pelotas azules” es a los hombres lo que “ovarios rosas” es a las mujeres. Aunque no se nos haya advertido de ello, nosotras también sufrimos de vasocongestión en la vulva tras haber mantenido relaciones sexuales no consumadas.

Una de las cosas que aprendí de la Sociología es que el dolor, como muchas otras emociones que experimentan los individuos, es una construcción social. Sufrimientos físicos tales como el parto, que en occidente requieren analgésicos, en otras civilizaciones no se experimentan de forma tan aguda, incluso pasan desapercibidos. El dolor masculino por congestión pélvica, me parece un fenómeno que ha sido aceptado como natural en nuestra sociedad, y que no deja de ser producto de una cultura patriarcal y una mera invención de la misma.

Por lo que he podido documentarme, el femenino síndrome de los ovarios rosas, en inglés “pink ovaries”, no está únicamente relacionado con el sexo, sino que puede ser consecuencia de otras patologías urinarias, gastrointestinales o ginecológicas. Pero la congestión pélvica por exposición sexual prolongada, en el caso de las mujeres, suele provocar un dolor similar al que sufren ellos. Es decir, nosotras también retenemos un exceso de sangre en la zona genital que nos produce sensibilidad extrema, erección del clítoris, hinchazón de los labios y dolor pélvico, entre otros malestares, según parece, equiparables al dolor menstrual. En definitiva, algo que se nos había ocultado, porque parece que las “buenas chicas” -y las malas también- sólo podemos ser satisfactoras.

 

http://www.medicinajoven.com/2009/07/dolor-de-testiculos-por-excitacion.html

http://sumedico.com/blue-balls-cuando-los-testiculos-duelen-por-excitacion/

 

One thought on “El dolor de huevos: ¿Qué hay de cierto?

  1. Mari Carmen Muñoz Honrado He leído tu explicación sobre “El dolor de huevos” y la verdad que cada día se aprende más y siempre algo nuevo… me ha encantado y quiero aplaudir tu escrito pues claramente me hace saber consecuencias que no había percatado y que suele ocurrir, pero no sabia dar esa explicación ¡Felicidades Esther Valero eres genial!!!😗😀

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