Sobre el azúcar

Escribo este primer post de recetas cuando llevo 35 días sin tomar azúcar. Desde que tomé la decisión, he experimentado algunos cambios en mi cuerpo. Entre ellos, he bajado dos quilos de peso y mi nivel de energía ha aumentado. Es cierto que resulta un poco pronto para hacer valoraciones sobre mi experiencia, pero os aseguro a día de hoy que, cuando se suprime el azúcar de la dieta, una entiende en seguida que el cambio solo puede ser para bien.

Cuando lo explico a la gente, me encuentro con comentarios de todo tipo. Los más usuales son:

  • “Pero dicen que un poquito de azúcar al día es necesario, ¿no?”.
  • “A mí no me costaría nada. Ni siquiera le echo azúcar al café”.
  • “¿Tampoco tomas fruta? Porque la fruta también es azúcar”.
  • “Yo tomo azúcar moreno, que no es malo”.

Yo no soy nutricionista, pero, a estas alturas, me extrañaría que expertos en la materia dijesen que un poco de azúcar al día contribuye a tener una dieta equilibrada.

El azúcar es de las sustancias más consumidas en el mundo, y también una droga peligrosa para la salud. Es un error pensar que no tomamos azúcar por el simple hecho de no añadirla al café o al té. El azúcar está por todas partes; nos acecha desde todos los estantes del supermercado. No sólo está presente en mermeladas y galletas, sino en el pan, sopas, fiambres, yogures, zumos, bebidas energéticas… a veces hasta en el queso. No te lo esperabas ¿verdad? Yo tampoco me había dado cuenta de ello hasta que me puse en serio a mirar las etiquetas.

Cuando me dicen que las frutas también tienen azúcar, explico que lo más sencillo hay que diferenciar entre el azúcar añadido y el azúcar natural que contienen los alimentos. Este último tiene valor nutricional (no son calorías vacías) y nos aporta fibra, vitaminas y minerales.

Respecto al azúcar moreno, a pesar de que contiene más vitaminas y minerales que el azúcar blanco (con escasa diferencia), no tiene demasiado interés nutricional.

En definitiva, mi reto es reducir al máximo el azúcar añadido. Por supuesto, eliminar del todo el azúcar refinado y sustituirlo por edulcorantes naturales de menor índice glucémico.

Estos son los que más me gusta utilizar a mí:

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Mis preferidos son el sirope de arce, el azúcar de coco y los dátiles. Como veréis, los dátiles tienen un índice glucémico súper elevado, sin embargo, son azúcares de fácil asimilación, y proporcionan sensación de saciedad. Además, aportan energía al cerebro (agilizan la actividad mental), que no me viene nada mal.

Por otro lado, el sirope de arroz no lo utilizo en exceso. El índice glucémico es alto, pero proporciona sales minerales y es alcalinizante.

Sobre el concentrado de manzana, no he encontrado demasiada información. Sé que es una reducción de zumo de manzana y que me encanta añadirlo a yogures o al porridge, pero no sé mucho más.

Cuando me informo sobre todo esto pienso, ¿por qué narices seguimos tomando azúcar refinado? ¿Qué necesidad tenemos de tomar calorías vacías que solo pueden hacernos daño? Pues porque es realmente difícil siguiendo nuestro estilo de vida y porque la industria alimentaria ha sabido conquistar nuestro paladar con comida basura.

Pero he dicho difícil, no imposible. Yo, de hecho, ya lo he conseguido durante un mes. Como me considero bastante adicta al sabor dulce, he necesitado alternativas para “desengancharme” y, creedme que, si me ha funcionado a mí, que cada día necesitaba llevarme algo dulce a la boca, os funcionará a vosotras.

Solo es cuestión de ir documentándose y hacerse con muchas recetas de dulces saludables. Os aconsejaré algunas que a mí me han funcionado.

 

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