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Selfie

Soy Esther, la Valero. Cuando le di nombre al blog, en realidad quería llamarlo “estheriorizando”, pero me di cuenta un año después y ya era un poco tarde. Soy cuentista, aspirante a novelista, pero escribo más que leo y me dicen que debería ser al revés. Soy celosa, generosa y pecosa (sólo en verano). Me hubiese encantado conocer a Gloria Fuertes y tomarme un cubata con ella en su casa de la sierra. También me hubiese gustado ser pelirroja por aquello de formar parte de una minoría, y porque creo que ligan más; pero lo más original que tengo es el pelo rizado. Todas me dicen que les encanta, pero sé que mienten. Soy un bebé de 500 meses, pero creo que aparento menos. Escribo mejor que hablo, sobre todo si es delante de las personas que me intimidan. Cuando las encuentro, digo tonterías, y utilizo palabras raras para impresionar, como solipsismo o palimpsesto. Me gusta la letra “s”, con la que se forma el plural. A veces me como las meriendas de mis hijos y prefiero el menú infantil de las bodas. En general, los niños me dan bastante envidia. Cuando decidí ser madre, todo eso de la crianza con apego me sonaba a chino, incluso se me ocurrió poner en práctica el método Estivill. Ahí aprendí que el ser humano tiene algo de robótico. Es posible que causara algunos daños irreparables, pero por entonces me funcionó. Supongo que por todo eso soy una perfecta mala madre, y sin embargo cada día se cuelan en mi cama a las 6 de la mañana, me susurran al oído que “soy la mejor” y me regalan abrazos calentitos. Si hubiese nacido veinte años más tarde, sería bisexual, como tú. Lo más desagradable que he descubierto es enterarme de que la vamos a palmar. Me pareció de muy mal gusto, la verdad. Soy un poco torpe. Se me nota al andar. Por eso siempre he odiado el deporte con todas mis fuerzas. Pero hago yoga y a veces -muy pocas- subo las escaleras en lugar de coger el ascensor. No tengo afinidad con los animales, pero al menos estoy dejando de comérmelos. Me caigo mejor desde que no lo hago. Una vez tuve un pato y se cayó por el balcón. No entendí qué pintaba el pato en un apartamento, y creo que él tampoco. Me acuerdo de él. Nunca he conseguido llevar la ropa interior a conjunto, porque las bragas se lavan más que los sujetadores y siempre me falta algo. ¿Cómo coño hace la gente? Mi calidad de vida aumentó desde que descubrí la copa menstrual. A veces creo que soy buena y a veces no. Tengo la certeza de que mi pareja es mejor persona que yo, pero me empeño en que él no lo sepa, porque igual si se entera me deja. Mis ojos son bonitos y, en conjunto, desde una perspectiva holística, no estoy mal. Mi peso es ahora bastante aceptable, aunque siempre tendré espíritu de gorda. Tengo pocos amigos, pero aún me duran. Me siento querida solo por los detalles que la gente tiene conmigo. No se me ocurre otro criterio de evaluación. Soy feminista, siempre lo he sido, pero ahora me reivindico. Si hay algo que siempre he deseado es aprender a tocar bien la guitarra. Lo intenté, pero nadie me informó de que fuera tan difícil tocar y cantar a la vez. Además, canto mal. Hasta hace poco, pensaba que morderse las uñas de forma prolongada en el tiempo provocaba locura. También pensaba que los circos de pulgas eran reales. Por lo general, doy más de lo que recibo. Me gusta llevar tartas a casa de la gente. El momento más emocionante es cortarlas, cuando todos están expectantes alrededor. Estoy segura de que es un acto que me genera serotonina. También me siento mejor persona desde que como menos azúcar. Cada día al despertar me digo que seré un poco más ordenada, que gritaré un poco menos, que leeré un poco más, que devolveré a tiempo los libros a la biblioteca, que me pondré una mascarilla de belleza. Pero como me tengo que quedar en la cama cinco minutos más para pensar en todo esto, luego no me da tiempo. No tengo estilo, pero me esfuerzo. No sé usar un delineador y el maquillaje me pone años encima. Mi mejor conjunto fueron unos pantalones de pata de elefante y una chaqueta militar de la RDA. Soy demasiado diversa y eso me hace perder credibilidad. Me emociono al escuchar a Niños Mutantes al mismo nivel que con la canción de Titanic. Me cuesta distinguir las cosas transcendentales de las demás. La amistad y el desayuno son vitales. Me canso de todo. Cuando me pasa, tiro cosas y me siento mejor. Me gustan los viernes por la noche y los domingos por la mañana. Y los cafés con leche del bar. Y comprar churros en los mercadillos. Me gustan los gestos de cariño y que me llamen “corazón” las dependientas del super. También los gin-tonics, pero sin ensaladas dentro. Me gustan las siestas después de tomar el sol, cuando tengo los mofletes colorados y la marca de los tirantes. Uso bañador y no bikini. Siempre digo que soy ancha de espaldas porque me apuntaron muy temprano a natación. Nunca me he roto un hueso, aunque de adolescente soñaba con llevar un yeso y que todo el mundo me escribiera dedicatorias. Como soy de constitución fuerte, no me ocurrió nunca. Soy exfumadora y echo de menos un cigarro y reírme a carcajadas. Esa imbécil con voz de pija que se hace pasar por mí en los audios no puedo ser yo. Por el momento, no he encontrado todavía la mejor versión de mí misma. Por favor, si un día la veis por ahí, no os la creáis. Seguro que es una farsante.

 

 

 

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4 comentarios en “Selfie”

  1. Me encanta tu blog por lo que he podido leer. Intentare seguirte mas de cerca😎….pero no me interpretes mal. Mi unico interes son tus letras, tus recetas y quizas con un poco de suerte poder encontrarme dentro de un tiempo en tu circulo de amigos. Que aunque sean pocos seguro que son los necesarios y los mejores.
    Un saludo enorme de un italoargentino perdido en Granada

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