No secundaré la huelga laboral del 8 de marzo. Mis motivos

En España, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer el próximo jueves y aprovechando el impulso de los últimos meses que ha tenido el #MeToo, el movimiento feminista ha convocado una huelga de 24 horas por la igualdad de género. Se trata de una huelga completamente atípica y sin precedentes en nuestro país, pues no es una convocatoria general, sino de carácter no mixto. Además, la convocatoria insta a tres tipos de huelga: laboral; de consumo; y doméstica.

 

De este modo, no afecta únicamente al ámbito de la empresa, sino que pretende extenderse al terreno privado, animando a las mujeres a hacer también un paro en sus tareas reproductivas; y económico, incitando a evitar el consumo durante 24 horas. Por otro lado, el lema no podía parecerme más combativo y empoderador: “si nosotras paramos, se para el mundo”.

¿Quién la convoca?

Por un lado, la Comisión 8M formada por asociaciones feministas en España pide que sean las mujeres quienes secunden la huelga. Los sindicatos mayoritarios, sin embargo, no han querido convocar una huelga excluyente por motivos de género, con lo cual, instan a un paro laboral de dos horas por turno.

¿Qué se reivindica?

El manifiesto se centra en cuatro grandes áreas: cuidados, consumo, laboral y estudiantil. Podéis consultar los puntos básicos aquí, pero yo los resumo en lo siguiente:

  1. Exigir que el tan aclamado y misterioso Pacto de Estado contra la violencia machista se traduzca en políticas reales que promuevan la libertad de mujeres y niñas, para conseguir de este modo una sociedad libre de violencia de género.
  2. Erradicar la opresión por la orientación sexual. Denunciar la LGTBIfobia social, institucional y laboral como forma de violencia machista.
  3. Visibilizar el trabajo doméstico, imprescindible para el sostenimiento de la sociedad y redistribución de las tareas. Exigir la ratificación del convenio 189 de la OIT que regula el trabajo doméstico.
  4. Conseguir la igualdad de condiciones laborales entre hombres y mujeres.
  5. Acabar con los techos de cristal y la precariedad laboral de las mujeres: mayor temporalidad; puestos de trabajo jerárquicamente inferiores; salarios más bajos; mayor paro femenino.
  6. Que el hecho de ser mujer deje de ser la principal causa de pobreza, lo cual se agrava dependiendo de la edad, de la raza, de la orientación sexual y del origen.
  7. Erradicar las pensiones basura causantes de la pobreza femenina en la vejez, y que no tienen en cuenta el trabajo doméstico no remunerado, o las tareas del campo.
  8. Denunciar el neoliberalismo que se impone como pensamiento único mundial y el capitalismo que utiliza a nuestros cuerpos como reclamo para el consumo.
  9. Defender el papel de las mujeres en la lucha contra el cambio climático y en la preservación de la biodiversidad. Apoyar a la soberanía alimentaria de los pueblos.
  10. Defender el derecho de autodeterminación, para que las mujeres seamos las protagonistas de nuestras vidas, de nuestra salud y de nuestros cuerpos, libres de presiones estéticas.
  11. Reivindicar el derecho a una educación pública, laica, feminista, así como una educación afectivo-sexual, que promueva la diversidad y erradique la LGTBIfobia y el machismo en las aulas. Visibilizar en los libros la participación de las mujeres en la historia. Exigir que la perspectiva de género sea transversal en todas las disciplinas.
  12. Acabar con las guerras, que responden a exigencias heteropatriarcales y capitalistas para controlar territorios y personas, y que crean millares de refugiadas que viven condiciones de precariedad por todo el mundo, y son olvidadas y victimizadas.

¿Cómo puedo autoproclamarme feminista -incluso “feminista exaltada” en alguna ocasión- y no secundar la huelga del 8 de marzo?

Es probable que estés algo contrariada después de leer el título de este post, pero créeme que antes de tomar la decisión he sopesado los pros y los contras y finalmente he optado por acudir a mi puesto de trabajo el próximo jueves, y no secundar la huelga laboral. También he considerado que debía dar alguna explicación, supongo que haciendo acto de humildad y, por qué no decirlo, de honestidad con todas las que me seguís, sobre todo motivadas por mis ideas feministas. Simplemente creo que una huelga laboral no es lo más acertado para reivindicar nuestros derechos como mujeres. Considero que hay otras formas de practicar la sororidad, visibilizarnos y ejercer presión ante un gobierno que se muestra bastante insensible a este tipo de acontecimientos, sobre todo, si solo duran un día. Sí pienso participar en todos los actos y manifestaciones convocados en la calle, así como ejercer la huelga de consumo. Esa sí que me parece significativa. La que más.

En mi caso particular, trabajo en un entorno empresarial donde tengo un salario bastante decente, igual o superior al de algunos colegas masculinos. Además, mi superior es una mujer, así como la mayoría de mis compañeras. Es por esta razón, entre otras, por la que no se me ocurre “penalizar” a mi empresa por algo que no merece. Si estuviera en el caso contrario, es decir, en una compañía en la que la brecha salarial, las desigualdades y discriminaciones de género fueran evidentes, creo que tampoco querría perder un día de salario -que podría precarizar todavía más mi situación- al tiempo que mis colegas masculinos quedaran impunes a mi sacrificio.

Por lo que respecta al ámbito familiar, en mi casa las labores reproductivas están compartidas entre mi pareja y yo. Consideraría el interés de hacer una huelga de tareas domésticas si no estuvieran reconocidas, o si cargaran solo sobre mis espaldas. Pero no es mi caso, con lo cual no pretendo penalizar a mi compañero y gran aliado feminista por algo que tampoco merece.

Si bien estoy de acuerdo en todas y cada una de las reivindicaciones del manifiesto, creo que no estamos enviando los esfuerzos hacia la dirección correcta. Desde hace un tiempo, tengo claro que la manera más efectiva de hacer daño y de expresar nuestra indignación es en el mercado. El enemigo invisible, el que se frota las manos con nuestras desigualdades, el que nos presiona, nos utiliza, nos victimiza, es el capitalismo. Es posible que la huelga por motivos sociales e ideológicos fuese una potente arma de reivindicaciones en otros contextos históricos. Sin embargo, en nuestra sociedad contaminada por el virus del individualismo, existe un mecanismo de presión mucho más potente con el que, si nos lo propusiéramos en serio, seríamos capaces de derrocar cualquier tipo poder: la abstinencia en el consumo. No me refiero únicamente a dejar de consumir durante un día -que sin duda haré el próximo 8 de marzo con mucho gusto-, sino a la abstinencia concienciada, pactada, la que se tiene que ir fraguando poco a poco, la que tenemos que difundir en talleres, en círculos de mujeres, en las redes sociales.

Apoyo a las que haréis la huelga laboral, sobre todo si consideráis que vuestra empresa lo merece. A las que sufrís una distribución desigual de las tareas del hogar o no veis reconocida vuestra labor os animo a levantar los brazos el día 8 y, si es necesario, el 9 y el 10 y todos los que hagan falta para visibilizar vuestro trabajo y para conseguir una redistribución de tareas adecuada y justa. Me gustaría que todas salgamos a la calle, vayamos a manifestaciones y comamos y cenemos juntas; que ese día no consumamos a menos de lo estrictamente necesario, y ni pensemos siquiera en comprar productos de tasa rosa. Y, por encima de todo, animo a que hablemos, nos enfademos, bailemos, gritemos y nos riamos a carcajadas. Porque las mujeres podemos hacer todo eso y más a la vez, incluso con un solo gesto. Por eso somos tan poderosas.

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