Los tres enemigos del feminismo; o las trampas más comunes para desarticularlo

Me va a disculpar el tertuliano que me dio la idea de escribir este artículo, porque no recuerdo su nombre. Lo escuché fugazmente en Catalunya Ràdio y hablaba de los tres riesgos a los que deben hacer frente los nuevos movimientos sociales como el feminismo, el ecologismo o el veganismo. Se trata de que sepamos identificar a estos enemigos a tiempo, para que consigamos minimizar los efectos negativos.

1. El primer peligro -aunque no por ello el más importante- es el populismo.

A pesar del empeño que se está poniendo en la paridad de género en política, son muchos los partidos que utilizan el feminismo como aliado inseparable en sus demagógicos discursos. El populismo, además de ser incompatible con la feminización de la política, suele obedecer a los antojos de antiguas estructuras patriarcales.

Aunque se establezcan acuerdos para ganar la simpatía de las votantes, el objetivo primordial de muchos de estos partidos no es precisamente el cambio social que intentan promulgar. Debemos tener presente que, detrás de las medidas populistas, se esconde una firme voluntad de preservación de las estructuras de poder tradicionales.

De nada sirve que se exija paridad de género en el seno de un gobierno o en la junta directiva de una gran empresa si, dentro del mismo espacio, se sigue reproduciendo un sistema heteropatriarcal. Clic para tuitear

Lo único que cambia es el hecho de que sea una mujer la que ejerce el poder, pero sin ningún compromiso de trabajar sobre la desigualdad de género; premiando nuevamente lo masculino por encima de las prácticas femeninas.

2. En segundo lugar, hay que andarse con ojo con no caer en el conservadurismo puritano.

En este sentido, cabe recordar la fuerte polémica protagonizada por la actriz francesa Catherine Deneuve, apoyada por un centenar más de comulgantes, en relación con la campaña #MeToo. Deneuve, quien se proclama a sí misma como feminista, se muestra contraria al movimiento actual por atentar contra la “libertad sexual masculina” o, lo que es lo mismo, defiende el libre albedrío de los hombres para importunar sexualmente a las mujeres.

En mi opinión, y coincidiendo con la escritora feminista Laura Freixas, la acusación de puritanismo al movimiento no es nueva, sino que es fruto de una visión patriarcal en la que los hombres son los sujetos activos, los que toman o no la iniciativa, y nosotras aceptamos. En palabras de la propia Freixas, “lo que dicen al hablar de un derecho a importunar es, o aceptáis el cortejo en términos patriarcales o estáis rechazando la sexualidad”. Cuando se nos acusa de puritanas por negarnos a que nos den un beso robado es porque existe precisamente esa visión de mujer como conejita Playboy. Por ello a una buena parte del feminismo, a la que se tilda de puritana, le (nos) molesta el porno y la prostitución.

Por supuesto que hay que alejarse de las posturas excesivamente conservadoras y asexuadas, pero debemos tener muy claro el concepto de “puritanismo”, que no es precisamente estar en contra del modelo de sexualidad heterotariarcal y desigualitario con el que nos socializan. Debemos abogar por nuevas formas de sexualidad, mucho más libres y de igual disfrute para ambas partes.

3. No todo feminismo es feminista. Cuidado con no caer en la banalización.

En todos los medios de comunicación oímos hablar a diario del feminismo. Es obvio que se está convirtiendo en un fenómeno global, y es precisamente ese efecto colectivista el que acabe por desvirtuar el movimiento.

El feminismo no es una moda -porque debe evitar precisamente ese componente efímero-, sino una revolución en sí misma. Clic para tuitear

Se tilda muchas veces de feminista a una obra literaria, a una cantante o a un festival de cine, sin que haya verdaderamente un verdadero análisis político del discurso. En ocasiones hemos escuchado que tal película es feminista solo porque sus personajes principales son mujeres, cayendo en un cierto feminismo epidérmico. Es precisamente esta frivolidad la que que resulta peligrosa, en tanto que nos conduce a pensar que posiblemente ya esté todo conseguido. 

No debemos hacernos eco de esos falsos feminismos que solo llevan a banalizar al movimiento, y cuestionémonos si aquello que nos quieren vender como feminismo lo es en realidad o, simplemente, pretenden favorecer al statu quo y ganarnos nuevamente la partida.

Fuentes:

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