El porqué de todo esto

ESTHER APAISADO

Escribo para no morirme y cocino para que me quieran un poquito más. Porque esos son mis dos miedos: la muerte y el desamor. Curiosamente, pienso que son dos conceptos que se parecen mucho. No hace tanto que me enteré de que algún día la vamos a palmar. Creo que no fue hasta los veintitantos cuando vi, por primera vez en mi vida, a una persona muerta. Porque aquí, en mi país -o quizás fuese sólo en mi familia-, nos empeñamos en esconder la muerte. Morirse es una desgracia que ocurre únicamente a los muy mayorcísimos, al amigo de un amigo, o  en las noticias del telediario. Os prometo que yo, en el lugar más recóndito de mi consciencia, en la muerte no acababa de creer.

Cuando tenía siete años, tomé prestada la máquina de escribir de mi tía. Me encerré una habitación y, con todas las dificultades psicomotrices de mi edad, me puse a teclear un relato. Si no me equivoco, iba de detectives. Escribí una página entera, sólo una, pero conseguí redondear la historia, que contenía un planteamiento, un nudo y un desenlace. Fue tan grande la satisfacción que corrí a compartir con todo el mundo mi opera prima. Recuerdo perfectamente la sensación de euforia que me provocó aquel proceso creativo; el orgullo ante un trabajo acabado, con cara y ojos que, además, había conseguido yo solita, sin la ayuda de nadie.

Supe con certeza que, cuando fuese mayor, escribiría. No tenía claro el qué, o de qué manera lo haría, pero escribiría. Y ya me he hecho mayor. Ahora sí, de verdad. No hablo de mis veinte años, del momento en el que se pasa a la edad adulta, la de las responsabilidades, y la toma de decisiones. Por aquellos entonces, sentía que todavía lo tenía todo por hacer; que mi existencia, con la que podía jugar poniendo yo las reglas, daría un giro en cualquier momento, a mi favor. Yo creía que sólo era cuestión de esperar, pero me ha pasado ya media vida, y ahora no soy yo la que hace las reglas: estoy encallada en el tablero, como un peón de ajedrez. A veces muevo hacia delante, pero siempre con pasos cortos, no vaya a ser que me encuentre con una reina o un caballo que me arrollen sin piedad.

Sí, de esas cosas me di cuenta hace bien poco. Por eso escribo. Porque el proceso creativo es lo único que me da libertad; la libertad de sentirme eterna, de poder escapar del tablero. Lo otro, lo de la cocina, se lo debo a mi madre. Esa era su particular forma de hacerse querer, más de lo que ya se la quería. Y le funcionaba. ¡Vaya que si le funcionaba! Ahora, de vez en cuando, la recordamos todavía en la mesa. Y la imagino susurrándome al oído: “¡espabila, hija! Que esto se acaba”.

 

 

 

 

 

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6 Responses

  1. Muchas de las cosas que escribí cuando fui bachiller solo están en mi recuerdo. Creo que me dio por escribir para hacerme compañía a mi mismo. Siempre ha sido traumática mi vida. Desde la infancia, no podía ser de otra manera pero con mi cuate o gemelo Leandro Rafael sobrevivímos siendo los hijos séptimo y octavo de mis padres. También mi amado hermano escribía y sobre todo dibujaba, él tenía una sensibilidad mayor a la mía. Infortunadamente, murió joven presa de la Inmuno deficiencia y todos sus atavismos de esa época.
    Sobrevivimos ante todo a un doble acoso (ahora le dicen bullying) tanto en la familia como en el ámbito escolar. Siempre fuimos señalados de “jotos o putos o maricones” ya mayor elegí la bisexualidad. Mi amado cuate o gemelo fue un hombre homosexual, al que admiraban mis amigas por su pulcritud y aroma que despedía. El era lo que dicen ahora un “metrosexual”, yo no era tan (ni lo soy) tan esmerado para mi físico.
    Y coincido contigo, y tildo de EXCELSA tu apreciación inicial:
    “Escribo para no morirme”
    Yo escribo para Trascender y para laEternidad. Sé que mi amado Señor Elohim, el Misericordioso me ha dado esta cualidad y se me revela cada día de mi aciaga existencia por que es su Voluntad que esté aquí. AUNQUE A VECES ME RESULTE INSOPORTABLE VIVIR.

    1. Qué traumático me resulta todo lo que cuentas, incrospido5. Sobre todo, la pérdida de tu hermano gemelo. Pero tú te has quedado aquí, a vivir por él, y te toca escribir mucho, muchísimo 😉

      1. Es tan solo uno de los episodios de nuestra vida.
        No pretendo abrumarte y creo que mejor ya me guardo otras cosas o pasajes de mayor miseria.
        Siempre pensé, sobre todo en mi adolescencia, que lo que ocurría en mi familia era común en las demás.
        Pero al conocer la vida o formas de vida de otros hogares, me daba cuenta que en aquellos hogares la felicidad estaba presente. En mi hogar familiar eso era desconocido.
        Yo sabía o empecé a tener conciencia de que vivir un ambiente así no me era accesible.
        Y empecé a meditar lo inútil de esperar un nuevo día. Y repudiar el día en que vivía. Más aún odiar el futuro y el día por venir.
        Lamento traumatizarte. Tengo esa “virtud” para con las personas que tratan conmigo o establecen una comunicación.
        Si quieres dejaré de seguir tu blog. No recuerdo ni como supe del mismo.
        En fin no me afectará si me solicitas ya no tenerte en mis seguimientos.
        Que seas colmada de bendiciones por el Altísimo y Misericordioso.

        1. Vaya! Lamento que hayas sufrido tanto. Todas tenemos episodios desafortunados, unas más que otras, y parece que a ti te han tocado unos cuantos. Ánimos! Te envío mis mejores deseos a México.

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