La ambivalencia de la maternidad

Con motivo del día de la madre, en Radio3 escuché una entrevista a la escritora Laura Freixas, donde presentaba su última obra Todos llevan máscara, la cual todavía no he tenido el placer de leer. Confieso que soy una apasionada de los diarios, sobre todo si, movida por ese narcisismo mío, por el que a veces necesito que alguien me sostenga el espejo mientras me contemplo de frente y de perfil, puedo identificarme con el personaje o personaja; y creo que Freixas es capaz de enseñarme una pata de gallo en el alma o un lunar en el espíritu, en los que no había reparado antes.

Esta escritora barcelonesa lleva varios años estudiando la construcción de la maternidad en la literatura, y aún se sigue preguntando cómo es posible que un fenómeno tan transformador y universal haya sido, a lo largo de la historia, tan residual en lo que a producción literaria se refiere.

Una de las explicaciones a este desinterés es que la maternidad suele centrarse en la crianza, y no en la mujer en sí misma. Por supuesto que existen infinidad de obras en las que aparecen madres, pero éstas no suelen tener mucho protagonismo.

Partiendo de la premisa de que nuestro sistema patriarcal dominante presenta la maternidad como la antítesis de la cultura, es difícil encontrar un personaje femenino que escape a los dos estereotipos literarios que se han asignado a las madres:

  • Las madres angelicales: las que se sacrifican por los hijos, anulando cualquier tipo de inquietud intelectual o artística que las hubiera movido en un pasado. Por lo general, representan el tipo de madres que el patriarcado glorifica.
  • Las madres diabólicas: las que tienen una personalidad rebelde y se enfrentan a las estructuras de poder dominantes. Suelen ser mujeres que piensan por sí mismas, y no quieren renunciar a sus intereses propios, por lo que acaban siendo tachadas de egoístas y malas madres.

Asociar a la mujer con la cultura y la creatividad es considerado como subversivo por el sistema patriarcal, por pretender alterar el orden social.

Si la cultura, la creatividad y la producción han sido hasta ahora propiedad de los hombres; a las mujeres se nos ha asignado la procreación, mucho más vinculada a la naturaleza, como única forma posible de crear. Clic para tuitear

Por lo general, resulta que hay muchos autores varones que han escrito sobre sus madres, o bien para glorificarlas, o bien para diabolizarlas. Sin embargo, son pocas las mujeres que han escrito sobre su propia maternidad, y pocas las autoras que lo hayan hecho sobre sus madres. El argumento de Freixas para explicar este fenómeno es que a las escritoras de antaño no les apetecía idealizar a madres que se dedicaban a servir a los demás. Si, por el contrario, se trataba de hablar sobre una maternidad no convencional, se corría el riesgo de ser tachada de egoísta.

Afortunadamente, la eclosión del movimiento feminista reivindica la condición de la mujer como persona más allá de su maternidad.

Una escritora o cineasta, cuando escribe, normalmente quiere crear un personaje renovado de mujer que resurge tras su maternidad; como creadora y creativa, fuera de los arquetipos hasta ahora conocidos.

Hasta ahora han sido los hombres los que han dictado las leyes; los que nos han dicho la manera en la que teníamos que actuar como madres; incluso han sido ellos los que se permitían decidir sobre nuestros cuerpos.

Por suerte, ya somos muchas las que no queremos que únicamente se nos vea como madres, sino que además de procrear, queremos crear.

Somos muchas las que tenemos que lidiar con los sentimientos contradictorios de la maternidad en el siglo XIX, y que luchamos por ser, por encima de madres, personas. Somos cada vez más las que sentimos que la maternidad es importante, pero no lo es todo en nuestra vida. No queremos renunciar a nuestro espíritu transformador solo por ser madres, y se nos tilda de egoístas por habernos resistido a llevar una existencia prosaica. Reivindicamos nuestra maldad y nos paseamos con un tridente porque nos negamos a derrumbarnos en el agujero del desprecio y la invisibilización. Las otras, las que sigue aclamando el sistema para homenajearlas un día al año, a las que el capitalismo patriarcal agradece por su esfuerzo premiándolas con una caja de bombones, también son bienvenidas al club de las madres ambivalentes.

Si os interesa el tema, os dejo este enlace a una obra de Jane Lazarre.

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